Frío, viento, lluvia: con la llegada del otoño hay que protegerse con productos naturales.
¿Quién no ha padecido nunca un resfriado, tos, dolor de garganta o gripe? Son estos los trastornos más comunes que cada otoño e invierno preocupan a millones de personas de todas las edades.
Nuestro estado de bienestar está sometido a una dura prueba debido a las inclemencias típicas de los meses fríos, afectando sobre todo a la garganta y a las primeras vías respiratorias. El estilo de vida moderno nos ha acostumbrado a unos microclimas artificiales que nada tienen a que ver con el clima estacional, aumentando nuestra exposición a saltos térmicos repentinos y artificiales, provocando así un notable aumento del riesgo de padecer un “golpe de frío”.
Tampoco vivir sumergidos en la contaminación ayuda al bienestar de las vías respiratorias, y los ritmos de vida estresantes juegan un papel importante a la hora de debilitar los mecanismos adaptogenos y de defensa del organismo.
Si a todo esto sumamos nuestro contacto con otras personas ya sea en los centros comerciales, medios de transporte públicos, guarderías y escuelas, aumenta notablemente la posibilidad de caer enfermos. La escasa circulación del aire típica en estos lugares cerrados facilita que proliferen todos aquellos agentes que causan los trastornos invernales más difundidos.
Pero la naturaleza siempre ofrece unos remedios útiles que, combinándolos con adecuados hábitos alimentarios y algún pequeño truco puede mejorar nuestras defensas contra el frio.
El mundo de las sustancias naturales ofrece un amplio abanico de soluciones con una acción protectora y preventiva, útil para ayudar el organismo y mantener los niveles fisiológicos de bienestar. Resultan particularmente eficaces sobre todo en la fase inicial del trastorno, evitando de esta manera que este último evolucione de manera más seria.
Grindelia: Esta planta originaria de América del Norte solía ser utilizada por los indios de América por sus propiedades expectorantes. Inscrita en la farmacopea de los Estados Unidos desde 1882 y en la farmacopea francesa desde 1908, su utilización se ha consolidado además de por su acción balsámica, también por su eficaz acción protectora contra los principales agentes responsables de los trastornos invernales que afectan a las vías respiratorias superiores.
Própolis: Utilizada desde la antigüedad, esta sustancia cero-resinosa producida por las abejas, posee importantes cualidades saludables que suportan la funcionalidad de las vías altas, hecho confirmado por numerosos estudios científicos. Existen básicamente dos tipos de Própolis, pero la europea es sin duda la de mayor calidad pues comparada con la china contiene una cantidad más elevada de principios activos.
Plantas y mucílagos: Las mucílagos son sustancias amorfas que poseen la capacidad de incorporar mucha agua y formar soluciones coloidales bastante viscosas y capaces de desarrollar una acción protectora, emoliente y lenitiva de las mucosas de las primeras vías respiratorias. Las plantas con una mayor riqueza de mucílago son el Plantago y el Verbasco, utilizadas en gran escala para reducir los trastornos invernales del conducto oral y faríngeo.
Plantas y aceites esenciales: La plantas balsámicas y pectorales se caracterizan por su riqueza en aceites esenciales y otros principios activos, con una acción específica sobre las vías respiratorias. Los aceites esenciales contenidos en estas plantas son mezclas de sustancias volátiles, muy perfumadas, que favorecen una actividad balsámica muy eficaz de las vías respiratorias. Entre las plantas balsámicas más interesantes recordamos el Eucalipto, el Pino, el Helicriso y sobre todo la Grindelia.
Equinácea: Esta planta se caracteriza por utilizarse ampliamente como estimulante de las defensas naturales del organismo. Su uso antes de la llegada del invierno puede resultar útil parar prepararnos ante los rigores estacionales, que pueden someter a dura prueba nuestros niveles fisiológicos de bienestar.
Uncaria: Como la Equinácea, esta planta, típica de las forestas lluviosas del Sudamérica, ha demostrado poseer, tanto en sus aplicaciones tradicionales como en las modernas, una importante actividad como coadyuvante de las defensas naturales del organismo.