Home >> Artículos > Piernas pesadas y ayudas naturales
Piernas pesadas y ayudas naturales.
Piernas pesadas con agujetas sobre todo por la noche y después de pasar muchas horas de pie, venas que “afloran” formando relieves visibles, sensación de pesadez en las piernas, hormigueos, picor, cansancio y calambres musculares en la pantorrilla con repentinas sensaciones de calor, constituyen los síntomas de una ralentización de la circulación sanguínea fisiológica, sobre todo a nivel de los miembros inferiores. Durante esta fase inicial es posible mejorar la circulación practicando una vida sana y echando mano de unas plantas medicinales muy efectivas.
Los fitocomplejos, denominados sencillamente “tónicos de las venas”, actúan sobre la microcirculación fortaleciendo los capilares venosos. Una de las plantas más activas en ayudar a la circulación fisiológica de miembros inferiores es, sin duda, el Rusco (o Gilbarbera), cuyo efecto principal es favorecer el tono venoso. Para la fragilidad capilar resultan muy efectivas la Amamelide y la Vid roja, pues que desarrollan también una efectiva acción antioxidante. No hay que olvidarse de la acción benéfica sobre los tejidos de la Centella, la acción protectora sobre los vasos sanguíneos del Ginkgo Biloba y la actividad benéfica que ejerce el Hipocastaño en las piernas (prevalentemente uso externo).
Consejos útiles para el bienestar de las piernas pesadas
Las piernas pesadas son los primeros síntomas de una ralentización de la circulación sanguínea, pero controlados no tienen porque dar lugar a las varices. A continuación les presentamos unas reglas sencillas para evitar las piernas pesadas.
SI a…
NO a…
Moderada actividad física, sobre todo pasear; es suficiente un paseo de 20 min. Diario
Vida demasiado sedentaria, pero también ejercicio físico demasiado intenso (que puede ocasionar la ruptura de los capilares). Estar de pie un largo período sin caminar: la posición recta acentúa el peso que grava sobre los vasos venosos.
Mantener los miembros levantados cuando estamos sentados.
Estar sentados por un largo periodo con las piernas cruzadas.
Dieta rica en fruta y verduras frescas. Suplemento de vitamina C. Comida con poca sal.
Alimentos poco elaborados, ricos en grasas de origen animal. Excesivo uso de sal.